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Dolo y culpa: así condicionan tu seguro de vida

La mala fe, el dolo y la culpa son unos conceptos jurídicos que pueden concluir con la obligación firmada de las aseguradoras por cumplir tu póliza contratada. Y es que, cuando pensamos en el sector, no parece razonable ni ético que un seguro cumpla con su cobertura ante actos simulados, fraudulentos y engañosos. Como tal, amparar la protección ante hechos intencionados por los asegurados va en contra de la razón de ser de estos productos. Descubre, a continuación, cómo afectan estas consideraciones a los seguros de vida, pues, si te vieras en ellos implicados, perderías tu derecho a estar protegido por la entidad.

 

¿Qué dice la ley sobre los condicionamientos por mala fe, dolo y culpa para la protección del seguro de vida?

Para este apartado, vamos a seguir, casi completamente, la Ley de Contrato de Seguro. Así, para empezar, hay que destacar su art. 19. En él, se hace referencia a la obligación principal que tiene la aseguradora por y para pagar la prestación determinada en la contratación de estas pólizas de vida. La excepción al cumplimiento de tal compromiso es que el siniestro a indemnizar haya sido causado con mala fe y por el asegurado. En otros artículos de la ley se especifican diferentes casos en los que las compañías aseguradoras dejan de ser responsables de cumplir el acuerdo de protección, también ante una actuación intencionada tanto por el asegurado, lógicamente, como por el tomador. Con la ley en la mano, desde Traetupóliza, celebramos que, por suerte, los seguros de vida son productos regulados por la legislación española:

 

ACTO INTENCIONADO…¿QUEDAS PROTEGIDO?
Por mala feNo, la mala fe es equiparable al dolo por su intención maliciosa y en contra de la aseguradora.
Por doloNo, el dolo tampoco está cubierto, aunque las terceras personas perjudicadas recibirán una compensación.
Por culpa (grave), la culpa será asumida por la compañía aseguradora, ateniendo a la póliza en cada caso

Entendiendo el tratamiento jurídico de las pólizas, el reglamento mencionado no pretende regular cómo varía la obligatoriedad del pago que asumen los aseguradores. Su objetivo, en realidad, es determinar aquellos casos en los que estos, precisamente, no deberán hacerse cargo al considerar que el siniestro sea causado con mala fe por el asegurado. Así, esto es uno de los principios más polémicos y controvertidos de la ley. No obstante, al final, y pese a la postura de la jurisprudencia, cuesta pensar que, en la industria de los seguros, tengan que abonarse incluso aquellos siniestros cuando están provocados con mala fe o dolo.

Para asegurar la mala fe, el dolo y la culpa

Asegurar situaciones causadas por mala fe del asegurado

La ley que hemos mencionado utiliza la expresión generalizada de “mala fe” para calificar la conducta del asegurado, incluso cuando esta se refiere al dolo o la culpa grave en otros de sus artículos. La sustitución de la mala fe sobre el dolo es, principalmente, práctica y es que en el sector asegurador se temía que el dolo pudiera identificarse solo con su carácter penal. Y, como tal, solo se identificarían esos casos y no otros sin delito, aunque sí fueran intencionados. Así, habrá que tener claro que la expresión “mala fe” es equiparable al dolo, con su ámbito civil.

 

A partir de aquí, la jurisprudencia establece la inasegurabilidad de la mala fe: la doctrina limita el cumplimiento de lo firmado en caso de mala fe tanto si en la conducta del asegurado también participa el tomador como si dicho comportamiento se aplica sobre la causa que ha provocado el siniestro a cubrir. Se deduce, por tanto, que el hecho de actuar con mala fe responde a cualquier acto consciente y voluntario del asegurado. Aquí, además, debe especificarse una intención maliciosa por su parte y en contra de la aseguradora. Finalmente, si el cliente de una póliza es acusado de mala fe, su comportamiento tendrá que ser probado por la entidad aseguradora que la alega; entonces, podrá liberarse de cumplir su prestación.

Quién está asegurado si se actúa con dolo…

No proteger al asegurado de aquellos actos que él mismo, con su intención, ha provocado es el funcionamiento básico del contrato de cualquier seguro. Tenemos que pensar que una póliza de vida, al final, existe no para aquellos sucesos provocados, sino ante eventos que implican un posible riesgo: la cobertura se ofrece ante lo inesperado, para eso decides cubrirte, entre unos supuestos y otros, y asegurar la protección de tus seres queridos en caso de que algo te ocurra.

 

Y ya sabemos que, según la normativa, el dolo tampoco está cubierto. Sin embargo, aunque la ley evita que la compañía aseguradora tenga que indemnizar al asegurado, no ocurre lo mismo frente a terceros. Si un siniestro es consecuencia de un comportamiento doloso de la persona asegurada, todos los perjudicados verían, efectivamente, su daño compensado. Por su lado, esto no implica que el comportamiento doloso de otras figuras del contrato, como el beneficiario o el tomador, anule la cobertura: la doctrina se ha inclinado por una interpretación literal del posible comportamiento antijurídico y determina la responsabilidad directa del asegurado.

 

La culpa y su tratamiento especial en las pólizas de vida

Según la legislación citada al principio, si se determina una actitud de culpa grave, esta sí tendrá que ser asumida por la aseguradora: el art. 19, aunque se refiere a “mala fe” del asegurado y engloba toda intencionalidad maliciosa, la denominación, en la práctica, es equiparable al dolo y no a la culpa grave. Desde aquí, habrá que atender a lo firmado en la póliza para poder excluir la indemnización de cualquier daño ocasionado por su culpa. El problema es que, generalmente, lo único que está excluido por la ley son los daños intencionados, sin determinar los culposos. De lo dicho, cabe concluir que la culpa del asegurado es asegurable y que, en consecuencia, quedará obligada la entidad aseguradora a actuar.

 

Más allá de lo dicho, queda una última consideración por hacer: si a la hora de firmar el contrato se pacta la exclusión de cualquier siniestro ocasionado por culpa grave, este acuerdo transcenderá las relaciones asegurador-asegurado. Así, por la culpa grave del asegurado en la causa de lo ocurrido, la entidad podría oponerse y no cumplir con la indemnización.

Índice

Supuestos sobre mala fe, dolo y culpa: la solicitud y el cuestionario de salud

Después de conocer todas las especificaciones sobre el tratamiento jurídico de estos conceptos, y entender cómo afectan a tu contrato del seguro de vida, deberás saber cómo no actuar para perder la protección. La explicación previa ha permitido concluir que, únicamente, quedan fuera del ámbito general del contrato de seguro tanto aquellas supuestas responsabilidades dadas, provocadas e intencionadas por la mala fe como los hechos dolosos.

 

Y una de las situaciones que alegan las aseguradoras para no indemnizar al asegurado, por actuar de mala fe, se producen al realizar la solicitud del seguro de vida y su cuestionario de salud. Para estos casos, lo cierto es que debe atenderse cada uno con sus circunstancias; no obstante, la jurisprudencia ha determinado ciertas pautas de actuación para estos casos.

 

En primer lugar, queda determinado que la compañía aseguradora con la que contratas, como profesional del sector, está obligada a presentar los cuestionarios previos a la firma con el mayor detalle y rigor posibles. De esta manera, su propia actuación delimita el riesgo de una actitud maliciosa a partir de malentendidos. Con esta determinación, se ha puesto el foco en las compañías para evitar cualquier práctica en contra del valor útil del seguro de vida. Esto, pese a todo, no evita la mala fe de algunos clientes. Por eso, la aseguradora quedará libre de las obligaciones del contrato, primero, si el asegurado incumple el deber de responder a su solicitud y si, en consecuencia, la información que decide omitir constata la intención dolosa.

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